Estimulantes y Sedantes

Cuando usamos estimulantes como la cafeína o sedantes como el alcohol, estamos queriendo enmascarar un estado natural de nuestro cuerpo.

Tu cuerpo, a través del cansancio, por ejemplo, te está diciendo que necesitas descansar para no gastar tu energía vital. Te está pidiendo que pares y te lo dice con los síntomas de cansancio: dificultad de concentración, dolor muscular, sueño…

En lugar de irnos a dormir, lo que hacemos es tomar un café para seguir

 

trabajando. El café no da energía, no nos proporciona fuerza, lo que hace es enmascarar los síntomas de cansancio, con lo cual, seguimos necesitando el sueño, pero no nos damos cuenta. Como no apreciamos los síntomas de cansancio nos esforzaremos en nuestra labor, con lo cual, cuando se pasa el efecto del café, estaremos mucho más derrotados que antes.

Es un efecto similar a darle un latigazo a un caballo cansado, vale, en principio el caballo correrá más, excederá su capacidad, pero ese exceso de velocidad lo pagará más tarde. Cuando tomamos un estimulante, exprimimos nuestras glándulas suprarrenales que es donde se almacena la energía vital. Esa energía vital no se regenera, tenemos la misma para toda la vida, con lo cual, si la agotamos innecesariamente, envejeceremos antes.

Cuando trabajamos con Reiki estamos intentando despertar nuestra intuición para que el propio cuerpo nos lleve a la salud y al equilibrio, siendo conscientes de que las enfermedades son señales que nos hacen ver que hay algo que no estamos haciendo bien.

Si nuestro cuerpo nos pide descanso y tomamos sustancias que alteren el mensaje de nuestra naturaleza, estamos haciendo todo lo contrario a lo que buscamos con Reiki, por tanto, no tiene mucho sentido.

Si practico Reiki para fomentar mi intuición y cuando mi intuición habla yo le callo la boca con una sustancia química no estamos siendo coherentes. Y la coherencia es lo único que puede llevarnos a la salud y a la felicidad. Cada vez que desoímos los mensajes de nuestro cuerpo, estamos contribuyendo a la enfermedad.

Por tanto, no tiene sentido una práctica seria de Reiki mientras sigamos abusando de estimulantes y depresores. De igual modo, vivimos en una sociedad donde su consumo es habitual y común, por lo que también parece una utopía dejar de consumirlos. Por eso, hablaremos de consumo responsable, siendo muy conscientes del efecto que producen en nosotros.

Todo hábito con respecto a las drogas es nocivo, sin embargo, podemos usarlas en los momentos en los que sus efectos nos puedan resultar útiles.

Los estimulantes son drogas que provocan la sensación de estar más despierto y con más energía, por medio de la activación y excitación del sistema nervioso.

Las células nerviosas se comunican entre sí mediante mensajes eléctricos y químicos. Un impulso nervioso es una descarga eléctrica que se desplaza a lo largo de una fibra nerviosa y puede finalizar en un músculo, una glándula u otra célula nerviosa, en cuyo caso se segregarán sustancias llamadas neurotransmisores para transmitir el impulso eléctrico.

El final de la célula nerviosa emite fuertes sustancias para provocar la contracción de los músculos o la secreción neurotransmisores como la norepinefrina (noradrenalina) que está relacionado con la hormona epinefrina (adrenalina) secretada por las cápsulas adrenales.

Las drogas estimulantes hacen que las fibras nerviosas liberen norepinefrinas u otros neurotransmisores parecidos, de tal manera que el sistema nervioso está en permanente actividad utilizando la propia energía del organismo. Es decir,la droga estimulante hace que el cuerpo gaste su propia energía más deprisa o en mayores cantidades que sin drogas.

Esta liberación de noradrenalinas en el sistema nervioso causa efectos como sentirse más despierto, más alerta y, a veces, más feliz, incluso se siente euforia. El corazón late más deprisa, la tensión sanguínea sube, se produce nerviosismo y puede tener un efecto laxante al aumentar los movimientos peristálticos del intestino grueso.

Estos efectos son transmitidos en gran medida por el sistema nervioso simpático, una parte del sistema nervioso vegetativo cuya principal función es preparar el cuerpo para situaciones de emergencia tales como la fuga y la lucha mediante la supresión temporal de funciones no esenciales para disponer de energía sobrante. Este sistema se apoya sobre la secreción de noradrenalina para su funcionamiento, produciendo en el cuerpo la misma reacción que la secreción de la hormona adrenalina.

Cuando el organismo se siente amenazado, como cuando sentimos vértigo al dejarnos caer desde una cierta altura como en una atracción de feria segregamos adrenalina para preparar el cuerpo para la probable caída y esto provoca un caudal de excitación que solemos calificar como agradable, porque nos sentimos temporalmente excitados, fuertes, ágiles y con la mente más despierta que de costumbre.

El organismo experimenta a lo largo del día caídas y ascensos de sus ritmos de producción de hormonas y neurotransmisores, por lo que es habitual sentirse algo letárgico en algunos momentos del día mientras que en otros nos sentimos mucho más vivos.

La razón más habitual para tomar drogas estimulantes se encuentra en el control artificial de este vaivén hormonal natural; cuando creemos necesitar más energía nos tomamos un estimulante, y de esta manera disminuye nuestra sensación de apetito, nuestro gasto de energía en funciones de nivel profundo y concentramos nuestra energía disponible en los músculos, el cerebro, el corazón y los vasos sanguíneos, este es el estado al que llamamos “estrés”.

A cambio, nuestro estómago y nuestros intestinos reciben menos atención del sistema nervioso y otras funciones del organismo se ven alteradas, especialmente los procesos de regeneración de las células.

Como los estimulantes excitan nuestra capacidad de liberar la energía del cuerpo, en realidad no nos están aportando ninguna clase de energía nueva, sino que más bien nos fuerzan a liberar nuestras reservas. Así, cuando usamos un estimulante para una ocasión concreta, agotamos las reservas de nuestro cuerpo y luego necesitamos un periodo de tiempo para recuperar dichas reservas.

Y de aquí viene el principal problema en el uso de los estimulantes, después de la subida experimentada viene una bajada de los recursos físicos y mentales por debajo de los niveles en los que estaríamos de no haber tomado nada, por lo que habitualmente el consumidor de estimulantes toma una nueva dosis en cuanto se siente bajo de energía para recuperar el estado anterior, exigiendo cada vez reservas más y más profundas en su cuerpo.

Con esta forma de consumo se crea enseguida una dependencia, ya que el cuerpo se acostumbra a no producir sus propias sustancias hasta ser demandadas por las drogas, y probablemente consumamos otra dosis antes de habernos recuperado de la anterior, lo que nos mantiene en un permanente estado de letargo del que no saldremos hasta tomar la siguiente dosis.

El precio que se paga por el bienestar que produce el estimulante es el malestar que viene a continuación cuando el efecto ha cesado. Entre los efectos desagradables del consumo de estimulantes se pueden citar; insomnio, palpitaciones, diarreas, poliuria y agitación.

Gema Ruz de Reiki-Do Granada, tu centro Reiki en Granada, Reiki en Almería, Ayurveda en Granada y Ayurveda en Almería