¿Qué significa ser terapeuta de Reiki?

Hasta el momento yo entendía que una terapia es un proceso de sanación en el cual la persona que lo vive está asistida por otra, el terapeuta, que tiene formación, conocimientos y experiencia en el tipo de proceso que se lleva a cabo y que, de alguna manera, va dando unas pautas y marcando un camino para lograr esta sanación, sin ser él o ella quien cura sino más bien quien facilita el acceso a unos recursos propios de autosanación a través de su asistencia.

 

Hay una visión más conservadora de la terapia, en la cual se considera a la persona que se somete a ella como un paciente enfermo incapaz de mejorar por sí mismo y que requiere de estímulos externos (medicación, guías…) para mejorar. Cabe decir que esta visión anda de capa caída, por lo menos hasta donde yo sé, en los círculos de la medicina alternativa, al haber demostrado ser corta de entendederas e infravaloradora de los propios recursos humanos.

Bien, pues tomando la primera definición como punto de partida, ¿qué debe tener un reikista para pasar de ser un practicante (alguien que da y recibe Reiki, a los demás o a sí mismo) a un terapeuta? Pues experiencia, formación y conocimientos. Pero ¿son los conocimientos sobre Reiki lo único que se necesita tener para ser un terapeuta?

La ligereza con la que las palabra terapia y terapeuta se usan hoy en día confunden al personal y meten en el mismo saco tocino y velocidad. Si bien Reiki es un aprendizaje de largo recorrido (hay que dejar pasar tiempo entre los diferentes niveles, hacer prácticas, etc.) es cierto que con la iniciación de primer nivel ya se puede hacer Reiki a otras personas. Esto facilita que tras dos días de curso haya gente que cuelgue el letrero de Terapeuta Reiki y se ponga manos a la obra.

¿Quiere decir que no estarán transmitiendo Reiki, que son una farsa? No tiene por qué. Pero de ahí a que estas personas estén capacitadas para llevar un proceso de sanación, que puede implicar apariciones de traumas y bloqueos severos que deberá saber gestionar, hay un mundo, por no hablar de la falta de experiencia, que es la madre del Reiki también.

Bueno, pues un caso diferente: un practicante que tiene un tercer nivel, lo cual implica unas prácticas, una intención y perseverancia demostradas en seguir este camino, decide hacerse terapeuta y ganarse buenamente la vida con ello. ¿Está mejor preparado que el entusiasmado de primero? Tampoco eso puede afirmarse. ¿Qué sabe esta persona sobre psicología, sobre anatomía, sobre las diferentes enfermedades, cómo se manifiestan…? Y ¿cómo elegir terapeuta, si eres el receptor, o cómo prepararte para serlo, si eres reikista?

Dado el vacío legal que nos rodea, una opción sería la de recomendar una formación completa aparte de los conocimientos en Reiki. La persona con vocación de terapeuta podría seguir diferentes cursos en varias áreas de la salud que ampliaran sus competencias y lo calificaran como un profesional preparado. En fin, que si alguien te viene diciendo que le duele el fémur no le toques la oreja. Otra opción sería la de quitarnos el cartelito Terapeuta si tras un examen de conciencia entendemos que no estamos en condiciones de llamarnos así. Esto sería de agradecer.Y quien dice Reiki dice cualquier técnica propia de la medicina alternativa que no esté provista de las bases sanitarias necesarias.

Yo por ejemplo soy practicante, soy reikista de segundo nivel y doy sesiones de Reiki; tengo conocimientos en psicología, filosofía, antropología, mitología y religiones del mundo entre otras cosas, y veo como todo ello refuerza y favorece la práctica, ya que además de hacer Reiki puedo ir más allá en la interpretación y gestión de conflictos emocionales, mentales, etc. El Reiki sigue llegando a quien lo recibe, sigue limpiando y purificando y siendo un soporte para el desarrollo personal de las personas. Pero hay una parte de medicina convencional que me gustaría estudiar antes de llamarme terapeuta.

Basado en el árticulo de Mar Márquez en www.queridoreiki.com

 

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